Mamá y Papá,
SUS PRIMEROS "JUGUETES"
Ya
en la sala de partos se produce un amor a primera vista. Madre
e hijo se miran, sonríen e intercambian caricias.
Después, sigue la toma del pecho, otro momento mágico
de intimidad y conocimiento recíproco.
J
La
comunicación entre madre e hijo se produce através
de diversos canales sensoriales: vista, oído y tacto.
Y también
del olfato y del gusto, pues el niño reconoce a su
madre por el aroma de su piel y el sabor inconfundible de
su leche. Ambos de dejan envolver por una "danza comunicativa",
hecha de miradas, risas y gorjeos, lo que convierte a la madre
en el primer "Juego" del recién nacido.
J Dese
hace algún tiempo, también los padres han descubierto
el placer de la ternura y de los mimos prodigados al los recién
nacidos.
Gracias a estos valiosos intercambios, el pequeño aprende
a reconocer enseguida a su padre por la manera de jugar con
él.
Y esto también vale para los restantes familiares.
Al jugar con ellos, el niño no sólo establece
contacto con el ambiente, sino que toma conciencia de la personalidad
de quienes lo rodean y aprende a reconocerlos por la forma
de mirarlos, por su voz y por su tacto.
Por
qué es indispensable YA DESDE EL PRIMER AÑO
Jugar
además de ser indispensable, forma parte del ADN del
pequeño.
J El
niño aprende a conocer las distintas partes de su cuerpo
(manos, pies, etc.) con el juego.
Através del
mismo, explora las cosas que lo rodean, realizan sus primeros
experimentos de "física" (tira objetos al
suelo, intenta atrapar los rayos del sol, etc.) y se divierte
escuchando sus propios gorjeos (la-la, da-da). Poco a poco,
toma conciencia de sí mismo y del mundo que lo rodea.
J A
su vez, viéndolo jugar, los padres pueden conocer mejor
a su hijo, descubrir como piensa, qué cosas llaman
su atención, cuándo se impacientan y qué
se "inventa" para vencer una dificultad o superar
un obstáculo.
El
juego también abre una ventana para observar sus sentimientos
y puede revelar sus posibles angustias o problemas emotivos.
Esto sin contar con el aspecto terapéutico, pues a
través del juego el pequeño puede expresar perfectamente
sus más secretos conflictos y exorcizarlos en clave
fantástica.
J
Cuando
ya pueda permanecer en compañía de otros niños,
el juego le ofrece la oportunidad de compararse con los demás
y desarrollar sus dotes sociales,
experimentando
una entera gama de nuevos e importantes sentimientos: paciencia,
generosidad,lealtad, competitividad, rivalidad, amistad y
solidaridad. Mientras juegan juntos, los niños aúnan
sus actitudes, curiosidades e incluso fantasías. Y
ésta es la razón de que permaneciendo en grupo
se sientan inclinados a desarrollar juegos cada vez más
complejos. Estas experiencias también son valiosas
porque los ayuda a adquirir seguridad y a crearse una buena
imagen de sí mismos.
Los
mayores pueden ayudar
PERMANECIENDO
APARTADOS
Los niños
necesitan jugar, y los mayores deben comprender y respetar
esta necesidad sin interferir.
J Los
padres deben favorecer las oportunidades recreativas de su
hijo, procurando no entrometerse de una manera excesiva.
Es
en ocasiones, cuando los niños ponen de manifiesto
su personalidad y aprenden conceptos nuevos y a comunicarse
con los demás.
Podría muy bien decirse que en su "estilo"
de juego, único para cada niño, se reflejan
la propia identidad y la manera y la manera de relacionarse
con los otros.
J
Cuando está a punto de finalizar
el tiempo dedicado al juego, es mejor que el adulto advierta
al niño con algo de anticipación,
con
el fin de darle tiempo a concluir lo que estaba haciendo,
pues cada juego tiene su peculiar desarrollo lógico
e implica una participación emotiva, que puede dar
lugar a una frustración si se interrumpe a la mitad.
Respetar el espacio recreativo de los hijos constituye también
una buena estrategia para obtener su colaboración en
otros momentos cruciales del día, como por ejemplo
el cambio de pañales, el baño y la hora de comer
o de acostarse.
J Los
mayores sólo deberán intervenir para enseñar
la forma correcta de manejar un juguete en el caso de que
sea estrictamente necesario,
pero
sin forzar al niño, ya que lo mejor del juego, más
que su "repetición", son los descubrimientos,
que debe efectuar por sí mismo, de acuerdo con su edad
y destreza.
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