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Página principal ¿Qué es Jugar? La importancia del Juego Aprender Jugando Juguetes para cada edad El Juguete y la formación de la personalidad Criterios para la clasificación de los juguetes El lugar de los Juguetes

El Juguete y la formación de la personalidad

 

Si el juguete reviste tal importancia a los fines del desarrollo físico y psíquico del niño, es obvio que su elaboración debe realizarse estrechamente con las etapas sucesivas de la formación de su personalidad, que en cada periodo plantea necesidades y motivos particulares, los cuales es necesario conocer bien para saber a dónde dirigir la intervención del adulto. En este sentido se da una correlación entre el uso que el niño da al juguete y las particularidades del desarrollo de la personalidad en el período. Así, un buen juguete puede servir en las sucesivas etapas de la vida, sin necesidad de estar creando nuevos y más variados juguetes, pues lo que cambia es la manera como los niños y niñas los utilizan en las diferentes edades. Un mismo objeto-juguete puede usarse durante mucho tiempo pero ir haciéndolo cada vez más complicado, de modo tal que implique una continua estimulación, nuevos elementos que obligan al niño a hacer un ejercicio mayor de su imaginación y originalidad. Insertar el juguete es una actividad de juego cada vez más compleja, el mismo objeto requiere de nuevas acciones psíquicas, esto permite que mantenga su nivel de atención, continúe ejerciendo un efecto sobre los procesos y propiedades psíquicas, y actúe sucesivamente en las distintas fases del desarrollo de su personalidad. Cuando el niño utiliza un juguete experimenta vivencias positivas o negativas relacionadas con el éxito o el fracaso de sus acciones con el mismo, lo que ejerce un efecto en sus emociones y sentimientos, en las esferas afectivo-motivacional. Tal necesidad afectiva de poder establecer una relación emocional con los objetos del mundo que lo rodea, que se materializan entre otros en los juguetes, determinan que cuando los niños no tienen posibilidades de establecer este contacto afectivo con tales objetos por carecer de ellos sustituyen los más disímiles y le dan categorías de juguetes: una botella se transforma en una muñeca, un pedazo de madera se convierte en un barco, una escoba se vuelve un caballo. Esta sustitución, que también tiene una explicación en el plano intelectual y que es un componente importante en el juego, tiene además una implicación afectiva muy importante y va a tener afectos considerables en la formación del niño, como persona. Por esto es muy importante que los juguetes se adapten a los distintos niveles de edad y a los intereses infantiles.
Por lo general se presta atención al desarrollo del juego, mientras que la naturaleza de los objetos que intervienen en dicho juego reciben una consideración secundaria. Sin embargo, el niño concibe invariablemente al juguete desde el punto de vista utilitario, para que le sirva en el juego, y cuantos más usos pueda concebirles, más lo preferirá y durante más tiempo le interesará. El mejor juguete es aquel que más se corresponda con el desarrollo psíquico y físico del niño y el que de mejor manera satisfaga las necesidades y motivos que caracterizan su personalidad en formación. Por esto es indispensable un conocimiento profundo de las particularidades del desarrollo infantil para crear juguetes verdaderamente promotores de este desarrollo. Si bien es cierto que deben concebirse los juguetes con relación a la edad, y por lo tanto, adaptarse al estado actual del desarrollo de los pequeños, es importante también relacionarlos con algunos que se adelanten en algo a sus posibilidades, para que incidan en su zona de desarrollo potencial y les sirvan de estimulo para alcanzar un nivel de desarrollo posterior. Por su propio devenir evolutivo el niño ha de encontrar nuevas formas de acción en los mismos objetos y juguetes, pero el adulto ha de elaborar algunos que le obligan a utilizar recursos físicos y mentales de sus potencialidades. Ningún objeto por sí mismo enseña a los niños a actuar, se requiere el concurso del adulto que es el que pone en contacto con este mundo de objetos, y le enseña la forma de actuación históricamente concebidas para estos objetos. En el caso que nos ocupa es bueno recordar que el juguete no enseña a jugar, al igual que un objeto cualquiera no demuestra por sí mismo su función, es necesaria una actividad conjunta del niño y el adulto para que, en el propio proceso de su acción, el pequeño asimile las relaciones y funciones que están impresas en la estructura del objeto. Luego los niños aplicarán por si mismos los conocimientos adquiridos, generalizarán relaciones, y descubrirán por su propia acción nuevos medios y formas de actuación con los juguetes, en un ininterrumpido proceso de crecimiento y desarrollo.

Diseño Martín Ignacio Cincunegui              General Lamadrid          Buenos Aires           Argentina
                       
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