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el juguete reviste tal importancia a los fines del desarrollo físico
y psíquico del niño, es obvio que su elaboración debe realizarse estrechamente
con las etapas sucesivas de la formación de su personalidad, que en
cada periodo plantea necesidades y motivos particulares, los cuales
es necesario conocer bien para saber a dónde dirigir la intervención
del adulto. En este sentido se da una correlación entre el uso que
el niño da al juguete y las particularidades del desarrollo de la
personalidad en el período. Así, un buen juguete puede servir en las
sucesivas etapas de la vida, sin necesidad de estar creando nuevos
y más variados juguetes, pues lo que cambia es la manera como los
niños y niñas los utilizan en las diferentes edades. Un mismo objeto-juguete
puede usarse durante mucho tiempo pero ir haciéndolo cada vez más
complicado, de modo tal que implique una continua estimulación, nuevos
elementos que obligan al niño a hacer un ejercicio mayor de su imaginación
y originalidad. Insertar el juguete es una actividad de juego cada
vez más compleja, el mismo objeto requiere de nuevas acciones psíquicas,
esto permite que mantenga su nivel de atención, continúe ejerciendo
un efecto sobre los procesos y propiedades psíquicas, y actúe sucesivamente
en las distintas fases del desarrollo de su personalidad. Cuando el
niño utiliza un juguete experimenta vivencias positivas o negativas
relacionadas con el éxito o el fracaso de sus acciones con el mismo,
lo que ejerce un efecto en sus emociones y sentimientos, en las esferas
afectivo-motivacional. Tal necesidad afectiva de poder establecer
una relación emocional con los objetos del mundo que lo rodea, que
se materializan entre otros en los juguetes, determinan que cuando
los niños no tienen posibilidades de establecer este contacto afectivo
con tales objetos por carecer de ellos sustituyen los más disímiles
y le dan categorías de juguetes: una botella se transforma en una
muñeca, un pedazo de madera se convierte en un barco, una escoba se
vuelve un caballo. Esta sustitución, que también tiene una explicación
en el plano intelectual y que es un componente importante en el juego,
tiene además una implicación afectiva muy importante y va a tener
afectos considerables en la formación del niño, como persona. Por
esto es muy importante que los juguetes se adapten a los distintos
niveles de edad y a los intereses infantiles. |
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Por
lo general se presta atención al desarrollo del juego, mientras que
la naturaleza de los objetos que intervienen en dicho juego reciben
una consideración secundaria. Sin embargo, el niño concibe invariablemente
al juguete desde el punto de vista utilitario, para que le sirva en
el juego, y cuantos más usos pueda concebirles, más lo preferirá y
durante más tiempo le interesará. El mejor juguete es aquel que más
se corresponda con el desarrollo psíquico y físico del niño y el que
de mejor manera satisfaga las necesidades y motivos que caracterizan
su personalidad en formación. Por esto es indispensable un conocimiento
profundo de las particularidades del desarrollo infantil para crear
juguetes verdaderamente promotores de este desarrollo. Si bien es
cierto que deben concebirse los juguetes con relación a la edad, y
por lo tanto, adaptarse al estado actual del desarrollo de los pequeños,
es importante también relacionarlos con algunos que se adelanten en
algo a sus posibilidades, para que incidan en su zona de desarrollo
potencial y les sirvan de estimulo para alcanzar un nivel de desarrollo
posterior. Por su propio devenir evolutivo el niño ha de encontrar
nuevas formas de acción en los mismos objetos y juguetes, pero el
adulto ha de elaborar algunos que le obligan a utilizar recursos físicos
y mentales de sus potencialidades. Ningún objeto por sí mismo enseña
a los niños a actuar, se requiere el concurso del adulto que es el
que pone en contacto con este mundo de objetos, y le enseña la forma
de actuación históricamente concebidas para estos objetos. En el caso
que nos ocupa es bueno recordar que el juguete no enseña a jugar,
al igual que un objeto cualquiera no demuestra por sí mismo su función,
es necesaria una actividad conjunta del niño y el adulto para que,
en el propio proceso de su acción, el pequeño asimile las relaciones
y funciones que están impresas en la estructura del objeto. Luego
los niños aplicarán por si mismos los conocimientos adquiridos, generalizarán
relaciones, y descubrirán por su propia acción nuevos medios y formas
de actuación con los juguetes, en un ininterrumpido proceso de crecimiento
y desarrollo. |